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Isidoro de Fagoaga, tenor en Enciclopedia Auñamendi

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ISIDORO DE FAGOAGA



          Tenor de fama mundial. Nació en Bera (Navarra), el 4 de abril de 1893. Falleció en San Sebastián, el 16 de marzo de 1976.
          Estudió música merced a una beca que le concedió la Diputación Foral de Navarra. Los tenores Tita Rufo y el bilbaíno Florencio Constantino, advirtiendo sus facultades, le decidieron a dedicarse al canto. Debutó en la capital de Bizkaia con Amaya, de Guridi, y en Madrid, con Sansón y Dalila. Integró la gran compañía que acaudillada por María Llácer y el maestro Arbós realizó gira por España. Fagoaga marchó a Milán y lo escrituraron para en Nápoles sustituir a un tenor que había fracasado con La Walkiria, la que se representó ocho veces más cantada por el joven Fagoaga, que triunfó plenamente, como asimismo en Parma.
          Se informó de ello Arturo Toscanini, que precisaba un buen tenor para la temporada de la Scala, de Milán; lo escuchó, quedó admirado de su bella voz y estilo y lo contrató; durante once años, en el coliseo milanés interpretó cientos de veces los personajes wagnerianos. Parsifal lo cantó bajo la dirección del famoso director de orquesta nombrado; representó todas las óperas de Wagner en los teatros operísticos italianos.
          Invitado por Sigfrido Wagner, Fagoaga se desplazó a Bayreuth; entusiasmó al hijo del autor de Lohengrin, hicieron gran amistad y Sigfrido le sugirió cantar las obras de su padre en alemán, lo que hizo poco después en Francfort con El ocaso de los dioses. Si bien Fagoaga se especializó en la producción de Wagner, abordó las de otros compositores e hizo verdaderas creaciones de Boris Godunov, Sansón y Dalila, Norma... Su nombre aparecía en los carteles junto a los de los célebres Pertile, De Angelis, Rosa Raissa, Merli, Gigli...
          La época americana de Fagoaga de 1925, en la temporada lírica del teatro Colón de Buenos Aires, duró tres meses. Fagoaga sugirió al empresario el estreno de Amaya. Los tres días de esta obra fueron apoteósicos. Al estreno asistieron el maestro Guridi y el presidente Hipólito Irigoyen, "el peludo". Afluyeron vascos de toda Argentina y hasta del Uruguay. En esta temporada estrenó también la ópera sudamericana Tabare, con letra de Zorrilla San Martín y música de Schiuma. Hizo, asimismo, la temporada lírica de 1929.
          A raíz de la guerra del 36 se traslada nuevamente a Buenos Aires desde San Juan de Luz, pero dedicándose sólo a la vida intelectual. Reanuda allí la publicación de la revista Gernika que editaba en Baiona. La edición argentina alcanza desde el número 16 hasta el 25 en 1953. La colaboración en la revista que él mismo sostiene alcanza 37 artículos. Su actividad intelectual le había llevado además a ser uno de los colaboradores iniciales de la revista Eusko-Jakintza, que agrupaba en la zona de Baiona a los intelectuales vascos exiliados, bajo la dirección de D. José Miguel de Barandiarán. Siempre le atrajo la literatura; escribía sus impresiones sobre las ciudades que visitaba, que le eran publicadas en Il Corriere della Sera.
          Retirado del canto y residente en San Sebastián, intensificó su actividad literaria y de investigación; en Buenos Aires publicó (Ekin) dos trabajos importantes: Pedro Garat, el Orfeo de Francia (1948) y Domingo Garat, el defensor del Biltzar (1951). Colabora en los suplementos de La Prensa, de la capital de la República Argentina. En la Bella Easo, la Editorial Auñamendi le tiene impreso: Retablo Vasco (1959) (en el que se ocupa de Huarte, Rável, Paoli, Gayarre y Eslava), y Unamuno a orillas del Bidasoa y otros ensayos (1964).






          Ha pronunciado conferencias, en la Universidad de Oñati sobre Víctor Hugo y el País Vasco, y en Tolosa en torno a Grandmontaigne. En La Musique Representative Basque, Pierre Garat le chanteur y Músicos argentinos de estirpe vasca, su fluida y documentada palabra ha sido llevada a la letra impresa. Fagoaga, que se relacionó con Unamuno y Pío Baroja, ha afirmado: "Cuando cantaba no era feliz y ahora con la literatura, si". Sus dos últimas publicaciones fueron Los poetas y el País Vasco (San Sebastián, 1969) y El teatro por dentro (Bilbao, 1971). Para aquilatar su labor como ensayista, bastaría con citar algunos de sus trabajos que han visto la luz en las páginas de diferentes periódicos y revistas: El elemento vasco en la vida y en la obra de Cervantes; El P. Larramendi en el Parnaso: Un arquetipo de patriota romántico; José María Iparraguirre, en el que de forma sugestiva hace alusión a los cuatro momentos musicales o estados del alma.
          Esto es: el simbolismo del "Guernikako Arbola", el canto a la Madre (Nere amak baleki), el canto de Partida (Agur, Euskal erria'ri) y el Retorno (Nere etorrera); Mozart y Arriaga; Beethoven y La Batalla de Vitoria, y A propósito de Goethe en Euskera. Con ocasión de su fallecimiento, Juan Thalamas publicó una completa noticia biográfica en el Boletín de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, 1976, XXII, 3-4, pp. 343-413.





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